Iba a escribir algo, pero ya no me acuerdo.
Acabo de leer la única página importante de la revista Carrusel: El Postre de notas, de Daniel Samper Pizano. Y, antes de que se me olvide, quisiera comentarla, pues trata precisamente de la memoria. De la de verdad, la de nosotros. No de la que hablamos cuando decimos “se me quedó la memoria”. Ya que la memoria no se queda sino que se va perdiendo paulatinamente, sobre todo desde el mismo instante en el que se abandona un aula de clase al salir de un examen.
Justamente sobre la memoria en la educación -y en la evaluación para ser más acertados- expresa Daniel Samper:
De un día para otro podía aprender una manotada de fechas, fórmulas de física o términos procesales del derecho civil; pero 48 horas después se borraban para siempre de mi memoria. Así aprobé muchos de los exámenes del colegio y la universidad, y por eso puedo asegurar que este sistema de valoración no sirve para nada. (La negrita es mia)
Es como calcular la temperatura de la Tierra metiendo un termómetro en una taza de café. Para demostrar que no miento, me gustaría citar como testigos a mis profesores de física y procedimiento civil, pero no recuerdo cómo se llamaban.
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