El valor de la memoria

Iba a escribir algo, pero ya no me acuerdo.

Acabo de leer la única página importante de la revista Carrusel: El Postre de notas, de Daniel Samper Pizano. Y, antes de que se me olvide, quisiera comentarla, pues trata precisamente de la memoria. De la de verdad, la de nosotros. No de la que hablamos cuando decimos “se me quedó la memoria”. Ya que la memoria no se queda sino que se va perdiendo paulatinamente, sobre todo desde el mismo instante en el que se abandona un aula de clase al salir de un examen.

Justamente sobre la memoria en la educación -y en la evaluación para ser más acertados- expresa Daniel Samper:

De un día para otro podía aprender una manotada de fechas, fórmulas de física o términos procesales del derecho civil; pero 48 horas después se borraban para siempre de mi memoria. Así aprobé muchos de los exámenes del colegio y la universidad, y por eso puedo asegurar que este sistema de valoración no sirve para nada. (La negrita es mia)
Es como calcular la temperatura de la Tierra metiendo un termómetro en una taza de café. Para demostrar que no miento, me gustaría citar como testigos a mis profesores de física y procedimiento civil, pero no recuerdo cómo se llamaban.

Habrá quienes defiendan el valor de la memoria en la educación y en la vida diaria. Yo no, por lo menos no la que se suele exigir en los exámenes de escuela, colegio, universiad y, lamentablemente, hasta posgrados. De allí que resalte a mis estudiantes la importancia de analizar el trasfondo de lo que aprenden, el contexto en el que se usa y, sobre todo, dónde se puede averiguar de nuevo, por si falla la memoria, que es lo más seguro. Por eso mismo también, me comprometo a que mis exámenes no tendrán ni un sólo punto que les haga repetir textualmente lo que alguien haya dicho o escrito. Ni necesitan aprenderse fórmulas o definiciones. En otras palabras: tranquilos que no necesitan chiva.

Y es que a veces la ilusión a los profesores les alcanza para creer que todos sus alumnos van a aprenderse de memoria toda le lección. Yo me pregunto ¿para qué obligar a ocultar los libros que están en las bibliotecas al alcance de todos, o la información que se encuentra en internet? Más bien alentémolos para que la entiendan y la aprovechen.

Tal vez se pueden escribir muchas más cosas sobre la memoria, seguro que sí. Mejor dejemos la discusión para los comentarios. Eso sí, antes de terminar, no se les olvide leer a Daniel Samper: El kumis de la memoria.

3 Comments

  1. Bueno Edgar, pues dejeme decirle que me deja gratamente sorprendido con este blog, la verdad yo crei que era el unico que sabia de esta utilisima y poderosa herramienta como canal de comunicacion y de reflejo de un pensamiento.

    Lo invito a que visite el mio, el cual abri desde Enero del 2004, pero no ha estado muy nutrido desde hace como.. un año, pero que al ver su sitio, me alienta nuevamente a la publicación de contenidos, pero con otro enfoque al que lo venia trayendo… no sé hasta depronto abra un sitio nuevo.

    Saludos!

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  2. @xm Carreira: Es precisamente ese “memorizar una fórmula” contra el que va el artículo, en mi opinión. Desde luego que la memoría tiene una gran importancia en el proceso de aprendizaje. Lo que sucede, creo yo, es que para interiorizar lo que se intenta aprender, es decir, para aprenderlo de verdad,se require de un proceso más estructurado que el de repetir.
    El profesor tiene un papel primordial en que el estudiante pueda analizar lo que debe aprender, trabajarlo y recomponerlo. Para ello debe demostrar la utilidad y el valor de lo aprendido, más allá del examen. Si eso se logra sucede, como tu dices, que se graba inconscientemente. De manera que permite recordar algo que evita que todo se tenga que volver a aprender desde cero.
    De hecho el método educativo tradicional. El de la memoria y la repetición. Sirvió mucho en tiempos pasados para masificar el conocimiento, cuando éste estaba en manos de los maestros y quedaba sólo en algunos libros y en la memoria de los estudiantes. Sin embargo, en esta época de transformaciones y avances continuos, y de masificación de la información, hay que ir más allá. Se debe buscar una posición crítica y curiosa respecto a lo que se aprende.
    Para terminar, hay que hacer memoria de lo mamagallista (expresión muy colombiana que quiere decir “tomador de pelo, bromista”) que es Daniel Samper. Por eso es tan agradable de leer. Aunque entre chiste y broma va diciendo la verdad. Eso lo hace mejor aún.
    Uno de los artículos más serios que he leido de él, lo escribió hace poco en una editorial del diario El Tiempo: La otra hecatombe: La social. Sobre lo malo que sería volver a re-elegir a Uribe.
    😀

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  3. Una cosa es memorizar una fórmula, cosa poco útil, y otra bien distinta es memorizar el procedimiento de obtención de la fórmula y acordadarse más o menos de qué variables intervienen. Yo personalmente si que creo en el valor de la memoria, no como mero repetidor de datos, como un loro, sino como esa esencia o poso de las cosas que se han aprendido de las horas de estudio y de práctica profesional y que va quedando en lo subconsciente.

    No en vano la memoria es la base de la intuición y es más fácil reaprender lo que un día se estudió, aunque no se entendiese muy bien, que aprender algo que nunca se ha estudiado antes. Y no en vano Sócrates y Platón creían que aprender no era sino recordar.

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